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lunes, abril 16

Mini empanadillas caseras de bonito del norte




Cuando éramos muy pequeños, mi hermano y yo, tanto que aún no íbamos a la escuela y apenas nos manteníamos en pie cogidos de la mano, recuerdo que algunas veces mi madre nos llevaba con ella a comprar a la plaza, al Mercat de la Concepció, un mercado precioso de estilo modernista y el más antiguo de l'Eixample, que estaba frente a nuestra casa. Había una parada, algo parecido a un bar, donde servían cafés, carajillos y desayunos, tanto a clientes como a los propios comerciantes, y allí mi madre nos compraba, para desayunar, unas empanadillas de bonito que preparaba la "mestressa" del lugar y que nos encantaban. Era nuestra golosina especial y nunca teníamos suficientes. Cuesta tener recuerdos de esta época de la vida (mi madre me sopla por messenger que tendríamos 1 y 3 años), pero recuerdo con extrema nitidez tanto este bar, como el matrimonio que regentaba la carnicería donde compraba mi madre que tenía expuesto el género sobre un mármol blanco y, por supuesto, el color, aspecto y sabor de esas empanadillas, que además nos daba medio envueltas en las típicas servilletitas blancas, casi transparentes y con cenefas rojas, tan propias de los bares. También recuerdo a la gitana que vendía los ajos de su cesto en la puerta de la plaza y que después, de mayor, mi madre me contó que era la madre de uno de los palmeros de Peret, el de las gafas de pasta negra, que acompañaba a este genio de la rumba catalana y que en aquella época, o pocos años más tarde, sonaba por la radio continuamente con el "borriquito" como tú, o aquella "lágrima" que cayó en la arena. Qué cosas de recordar... pero la memoria es así y lo que se aprende de pequeño se queda impreso a fuego en las neuronas.

Siempre me sonrío cuando pienso en todo ello y se lo recuerdo a mi madre. A mí me compraba dos empanadillas, porque era la mayor, y a mi hermano sólo una porque, según ella me decía a mí, era pequeño y no sabía contar... jajajaja. Siempre le he dicho a mi madre que de acuerdo, que mi hermano no sabría contar,  pero hacían más bulto las mías y no entiendo que mi hermano no protestara (claro que si apenas sabía hablar, poco podía decir jajaaja). Vaya dos carpantas estábamos hechos, como para no calcular milimétricamente las reparticiones, y más hablando de empanadillas que siempre nos parecían pocas, pero es que ciertamente mi madre pensaba que con un añito era muy pequeño para más de una empanadilla y a mí, que ya nací con el por qué en la boca, me tenía que dar una respuesta medianamente satisfactoria y que dejara de preguntar. Cada vez que lo recordamos nos sonreímos juntas por la inocencia de todos. Tengo un recuerdo excelente de aquellas empanadillas y posiblemente, si las volviera a probar, no serían tan extraordinarias como las recuerdo, pero siempre las he tenido como las mejores que he probado en mi vida. Más tarde mi madre nos las ha preparado siempre que ha podido, igual de buenas, con las obleas de La Cocinera. Y yo, desde que tengo noción "cocineril" que hago lo propio. Pocas veces caigo en la tentación de comprarlas congeladas, es que no vale la pena, son tan sencillas, rápidas de hacer y salen tan buenas hechas en casa, que merecen la media horita que les dedicas.


Las que os traigo hoy me hacen especial ilusión, pues, como adicta a las empanadillas que soy, no había conseguido aún una receta de masa de oblea con que prepararlas totalmente caseras. El relleno es el que se ha preparado toda la vida en mi casa, que incluso, muchas veces, cuando el trabajo no nos ha dejado demasiado tiempo, tanto a mi madre como a mí, las hemos llegado a hacer con latitas de atún y de tomate frito, y aún así, quedan estupendas. La receta de la masa es de mi amiga Gaby, de Gabriela, Clavo y Canela, que la publicó hace un par de años y me encantó. Seguro que todos conocéis a la dulce Gaby, de su cocina salen los platos tradicionales más espectaculares de cocina mexicana y paraguaya, transmitiendo un enorme cariño en cada uno de ellos. Ella prepara la obleas más grandes, para empanadas, que son más habituales en su país, y con leche en lugar de agua. Yo he intentado adaptar su receta a la masa de empanadillas que estamos acostumbrados aquí, más delgaditas y pequeñas y preparadas con agua en lugar de leche, y he de deciros que quedan espectaculares. El resultado es una oblea idéntica a la que venden para preparar empanadillas en casa, pero, por supuesto, mucho mejor que la masa de cualquier empanadilla congelada que venden en nuestros mercados. No hay color!

El bonito que he utilizado es el que tengo embotado de la última vez, hice muchísimos kilos y aún me quedan unos cuantos tarros. Aprovechando que hacía fotos a las empanadillas he actualizado algunas fotos de la entrada de la conserva de bonito, que parece mentira que solo hayan pasado un par de años, pero menuda diferencia... El caso es que os lo comento porque pronto empieza la temporada y si queréis embotar bonito ahora es buen momento para empezar a pensar en ello.


lunes, febrero 27

Classic Donuts. Bocaditos de cielo azucarados.





Estos días atrás he estado leyendo mucho acerca de los donuts. Esto ha hecho que retrasara un poquito la publicación de la receta, que también es más larga de lo normal, pero creo que ha valido la pena, porque, a excepción de la anécdota del agujero, que tampoco es que conociera al detalle, no sabía de sus orígenes ni de su etimología. Así que me dispuse a investigar para desburrarme un poco. He encontrado de todo, desde quienes afirman que el donut existe desde el principio de los tiempos, algo así como la manzana de Adán y Eva ( ...es lo que tiene internet ), hasta un origen, más lógico, emparentado con numerosas preparaciones de la Europa de la edad media. Así que intentaré daros mi opinión, más o menos razonada, acerca de lo que he leído. Al final os pondré las direcciones para que podáis consultarlas y sacar, si queréis, vuestras propias conclusiones.

La explicación a mi juicio más creíble sea quizás la que cuenta que, cuando los colonos holandeses llegaron a lo que hoy en día es Nueva York (entonces New Amsterdam), en el S.XVI,  trajeron con ellos un pequeño dulce al que denominaban olykoeks (cocas de aceite o bollos de aceite). Se trataba de una suerte de buñuelo hecho con harina, huevos, azúcar y leche, que se freía en manteca de cerdo. De hecho, no solo en Holanda, sino que en toda Europa existían preparaciones muy similares que nosotros conocemos, ya que han llegado hasta nuestros días, como algunos tipos de rosquilla o los propios buñuelos. Dado que los olykoeks eran de forma redondeada y no demasiado grandes, los colonos anglosajones acabaron llamando a estas bolitas de pasta frita dough nuts, que significa literalmente nueces de masa, y así se prepararían durante al menos doscientos cincuenta años más. Esta denominación acabaría derivando primero en doughnut (doughnuts en plural) y más tarde en donut (donuts pl.), que es una forma menos tradicional pero tal y como se conoce hoy en día, aunque ambas formas sean válidas tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

La primera referencia escrita a este nombre no se encuentra hasta que un escritor norteamericano, Washignton Irving, los citara en 1809 en un relato humorístico y satírico bajo el nombre de "History of New York". El autor, que obtuvo un éxito rotundo a raíz de esta publicación, los menciona describiéndolos como "bolitas de masa dulce, fritas en manteca de cerdo y denominadas doughnuts u olykoeks". Gracias a la excelente acogida que tuvo el relato por parte del público y la gran popularidad que gozaría en la época, no sería de extrañar que contribuyera a difundir oficialmente el nombre de este pequeño bollo. Sin embargo, no sería hasta el año 1900 que aparecería la forma abreviada donut. Supongo que debido a la fonética, un poco como ha pasado con muchas palabras en todos los idiomas. 


Respecto a la forma con la que conocemos el donut hoy en día, con un agujerito en el centro, la mayoría de  versiones coinciden en que fue fortuita. Algunos creen que única en el mundo, algo que sabemos no es cierto, y otros, en el otro extremo, quitándole mérito refiriéndose al hecho como "manera de llegar a ser famoso sin inventar nada". Lo cierto es que al autoproclamado inventor del "agujero" se le ha rendido homenaje de distintas formas, entre las que se encuentra una placa conmemorativa en su ciudad natal o el propio epitafio de su lápida, que le reconocen como tal. Sin embargo, sin ánimo de pretender desmentir esta versión, es más que probable que el "bollo agujereado" ya fuera conocido con anterioridad. Aunque no como el donut norteamericano, eso también es cierto.

Fotografía perteneciente a  www.findagrave.com
Parece ser que el capitán Hanson Gregory afirmaba haber sido el inventor del donut, en su forma actual. El hecho sucedería en 1847 en uno de los muchos viajes del capitán, entonces marinero ya que contaba con tan solo 16 años. Su madre, la señora Isabel, solía prepararle olykoeks para que se llevara durante sus travesías. Nadie se pone de acuerdo en como habría sucedido exactamente, por lo que numerosas hipótesis se disputan la veracidad de la historia. La versión a mi entender más improbable, pero la que me ha parecido de lejos más divertida, es la que dice que en un momento que requería toda su atención, Gregory, que estaba comiéndose un donut, necesitó utilizar ambas manos para manejar la nave, con lo que no se le ocurrió otra cosa que ensartar el bollo en uno de los brazos del timón, inventando así el famoso agujero. He leído otras versiones que dicen que simplemente no le gustaban los centros pastosos o poco hechos que solían caracterizar estos bollos, algo que al parecer se solventaba muchas veces introduciendo frutos secos en el centro, o rellenándolos de cremas diversas como los buñuelos,  por lo que se le ocurrió que si hacía un agujero en el centro de la masa el bollo tendría más superficie por donde cocerse, permitiendo también una fritura más uniforme. Esta explicación sería más razonable, aunque también es verdad que podría haber conocido algún tipo de rosquilla en alguno de sus viajes, lo que le daría la idea de trasladarlo a los bollitos que preparaba su madre. Gregory defendía que  la señora Isabel lo habría puesto en práctica de inmediato y pronto todo el mundo copiaría el ingenioso procedimiento.

No todos están conformes con este hecho, sin embargo, nadie aporta una versión oficial alternativa, por lo que el capitán aparece en numerosos lugares como el inventor del donut. Personalmente pienso que el hombre decía la verdad, él también podría haber tenido esta buena idea de perforar la masa, sin embargo, no faltan tampoco argumentos que la atribuirían a los propios holandeses y en una época muy anterior a la de Gregory. La prueba, creo yo, serían las numerosas preparaciones de forma idéntica que se elaboran desde hace siglos por todo el mundo, desde Japón a Europa, pasando por la India.

Independientemente de su origen, también he encontrado muchas curiosidades acerca del donut que desconocía, realmente en Estados Unidos es toda una institución, pero ninguna tan bonita, a mi juicio, como la que os quiero contar. Ya sabéis que soy una aficionada a la historia, más, si cabe, la relativa a las dos grandes guerras. Me parecen apasionantes. Todo y que estoy convencida que esto ya lo había leído en alguno de mis libros, en ninguno de los que tengo he podido encontrar fotos relativas a las doughnut girls. Puede que esté equivocada y lo leyera en algún foro de esta temática de los que frecuento (al final acabo teniendo verdaderas empanadas mentales de donde he leído las cosas), así que he echado mano de internet para ilustrar un poco la entrada.

Fotografía perteneciente a www.worldwar1.com
El primer viernes de junio y desde el año 1938, en Estados Unidos, se celebra oficialmente el día nacional del donut, National Doughnut Day. No es niguna frivolidad yankee, esto es así en honor a las cerca de 250 mujeres del ejercito de salvación (Salvation Army volunteers) que, durante el invierno de 1918, se esforzaron por aprovisionar de cafés y donuts a los soldados que se encontraban en las tricheras del frente de Francia .

El ejército de salvación envió a estas mujeres con la intención de reconfortar a los soldados con el calor de la cocina casera, que les abastecieran de bebidas e incluso que pudieran hacer un zurcido rápido en sus uniformes. En 1917,  una joven llamada Hellen Purviance, fue enviada al frente francés para trabajar junto a la Primera División norteamericana. Por algún motivo que desconozco, aunque me imagino que se debería al arraigo de este dulce en la cultura norteamericana, ella y una de sus compañeras, tuvieron la idea de formar unos donuts con un poco de la harina con la que estaban trabajando. Con sus propias manos golpearon la masa para estirarla y, como no tenían cortador, utilizaron un cuchillo para cortar tiras que luego doblaron hasta cerrar sus extremos, con lo que quedaba una arandela con el centro vacío. Para cocerlos se sirvieron de una pequeña estufa que les obligaba a permanecer de rodillas y un cazo que les hizo las funciones de freidora. Según su propio testimonio, pronto se hizo una fila de soldados atraídos por el olor, que esperaban pacientemente su turno entre el barro y bajo la lluvia. En este primer intento parece ser que pudieron cocinar cerca de 150 donuts antes de que una terrible tormenta derribara la pequeña tienda que habían improvisado.

Fotografía perteneciente a www.worldwar1gallery.com
No vayáis a pensar que se trataba de algún edificio o refugio en retaguardia, algo que en mi opinión tampoco les quitaría un ápice de mérito, las mujeres del Ejército de Salvación se hacían un hueco entre las ruinas y las propias trincheras, donde improvisaban rudimentarias mesas para poder trabajar. Siempre con una sonrisa a pesar de estar bajo la amenaza del fuego germano. La primera guerra mundial fue especialmente cruenta en este sentido, de una concepción totalmente distinta a lo que se había conocido hasta la fecha. Ellas llevaban un uniforme militar de dotación, aunque con faldas, su propio "box respirator" colgado al cuello, su máscara de gas en posición de alerta, por la continua amenaza a la que estaban sometidas, pues corrían la misma suerte que los soldados. Eran las únicas mujeres, fuera del personal estrictamente militar, que tenían permitido el acceso a las líneas del frente.

El éxito de esta iniciativa fue tan inmediato que, al día siguiente, el número de chicas que se pusieron a pereparar donuts se multiplicó. En pocas horas se habían establecido puestos "especialmente equipados" a lo largo de las trincheras de primera línea del frente. Con simples botellas para amasar y la mayoría de las veces con los propios cascos de los soldados a modo de freidora, latas de leche condensada para cortar la masa y un tapón de cafetera con el cual hacer el agujero interior, estas chicas inundaron las trincheras del aroma de los donuts recién hechos. Se cree que en estas condiciones eran capaces de formar hasta 9.000 unidades a lo largo de una sola jornada. Esta especie de reto se convertiría en un verdadero aliciente, tanto para ellas como para los soldados.

Fotografía perteneciente a www.usmilitariaforum.com

La historia ha reconocido este hecho como un acto de coraje con el que estas mujeres  proporcionaron una inyección de moral a los hombres que luchaban en el frente, haciendo que pudieran sentirse un poco como en casa en medio de tanta desolación. Este grupo de mujeres, denominadas Lassies, pronto serían conocidas como las "Doughnut Girls" (chicas donut).

Durante la segunda guerra mudial las mujeres de la cruz roja hicieron el mismo trabajo, y se estima que al final de la guerra habían cocinado y llevado al frente más de 1.6 millones de donuts. A estas últimas se las recuerda como "Doughnut dollies" (muñecas donut).

Respecto a la receta, lógicamente ellas no siempre disponían de todos los ingredientes necesarios, sino que más bien intentaban lidiar con los excedentes, estirando las existencias o incluso sustituyéndolas. Por eso en internet se encuentran recetas distintas, con variaciones sensibles en las cantidades, sobre todo en cuanto a huevos, azúcar o mantequilla, ya que eran ingredientes de los que costaba más abastecerse. A diferencia de la harina, de la que parece ser habría excedente. No os extrañe que a todas se las catalogue como genuinas siendo tan distintas las unas a las otras, pues, teniendo en cuenta lo que os he contado, todas fueron recetas originales del ejército de salvación y hechas con la mejor de las voluntades. En este enlace, que pertenece a uno de los numerosos sitios del Ejército de Salvación, podéis encontrar una de las múltiples recetas de donuts "original". Os gustará comprobar la evidente diferencia con las recetas modernas, nosotros podemos permitirnos usar más huevos y las cantidades de leche y mantequilla que queramos. :-)

Hay mucha gente que cree que el mote de "Doughboy", con el que eran conocidos los soldados de infantería americanos que estaban en el frente en la WWI,  tiene su origen en los donuts y en esta pequeña revolución culinaria que os he contado. Pero parece ser, según wikipedia, que ya se les llamaba así durante la guerra entre Estados Unidos y México, en 1848. Tendría que ver con las caras sucias y polvorientas, a consecuencia del clima y las tierras secas y áridas de los campos de batalla, que daba a los soldados la apariencia de una masa de pan antes de meter al horno. Sin embargo, nunca este mote fue tan popular como durante la primera guerra mundial, por lo que también se ha dicho que, como el uniforme de los soldados americanos en ese periodo tenía unos botones muy grandes y el resto de soldados de los países aliados decían que vestían como un  Gingerbread Men, de ahí que les empezaran a llamar doughboys (chicos  masa o chicos de masa). Sea por el motivo que fuere, este mote informal quedaría para siempre vinculado a los hombres de infantería norteamericanos de la primera gran guerra.

Fotografía perteneciente a www.prioritypeople.org
Durante el National Doughnut Day, los diferentes locales del Ejército de Salvación del país, conmemoran esta iniciativa con actos diversos además de organizar una producción casera de donuts para todo aquel que les visite. La mayoría de tiendas y franquicias de venta de donuts (en Estados Unidos) ofrecen este dulce de manera gratuita a sus clientes. Habría que acercarse ese día a cualquier Dunkin' Donuts de nuestras ciudades, a ver qué se cuentan, aunque mucho me temo que ni sepan de lo que les estamos hablando :-)

Hoy os traigo mi versión de este bollo, la más clásica de todas ellas, porque ya sabéis que tiene muchas posibilidades. No es una receta que difiera demasiado de cualquiera de las que podéis encontrar en libros o en internet, de hecho, yo aprendí a hacerlos gracias a los blogs de la red y, casi tanto o más, gracias a los comentarios de personas que aportaban sus ideas y también sus dudas. Sin embargo, no acababa de encontrarle ese punto que te ayuda a hacerlos con los ojos cerrados hasta que Sònia y su marido, de l'Exquisit, que tienen unas manos fabulosas para las masas y la bollería profesional, publicaron su receta. Les quiero dar las gracias porque fue la que mejor me ayudó a encontrar, de manera sencilla, la mía propia.


Como el hecho de prepararlos en casa nos da un poco de barra libre, ya sabéis que me gustan las masas muy hidratadas y huyo como de la peste de lo que para mí son complicaciones (léase poolish, masas madre... etc), con el tiempo he hecho un remix de todo lo aprendido hasta conseguir lo que a mi me parece, lógicamente para mis gustos, pequeños pedacitos de cielo con sabor al donut de toda la vida. Y así los he bautizado. No os podéis imaginar lo tiernos que son. Disculpadme porque está mal que me lo diga yo misma,  pero, ni siquiera son como los comerciales, son mejores. Y no os preocupéis, como todas masas que preparo, son para dummies :-)).

A ver si os gustan.


viernes, julio 15

Panecillos de hamburguesa, para dummies





No hace mucho subí mi receta de pan de molde y ya en aquella ocasión os comenté que con esta masa básica hacía todo tipo de panes y bollos, simplemente dándole distinta forma. En cuanto al resultado seguro que no se aparta mucho de cualquier receta que ya conozcáis, un bollito de leche tierno y suave, algo dulzón, aunque no demasiado, que se come casi sin respirar. Sin embargo, quiero compartirla con vosotros porque es extremadamente sencillo conseguir unos resultados más que excelentes, sin apenas conocimientos previos ni elaboraciones complejas o máquinas especiales, lo cual lo hace, si cabe, más atractivo.  

Cuando me compré la cooking chef, lógicamente, pasé a dejarle las tareas pesadas a la máquina, no obstante, como trabaja igual que si usáramos una simple olla térmica y un brazo eléctrico, veréis que las instrucciones son las mismas que para hacerlo a mano. No os preocupéis si no disponéis de un aparato similar, tanto si usáis amasadora con inducción, amasadora en frío o lo hacéis a mano, las indicaciones son exactamente las mismas y siempre os quedará bien.

Vamos a ello:

lunes, abril 25

Pan de molde casero, para dummies






Los que me conocéis ya sabéis que no tengo mucho repertorio en cuanto a panes. Hago una masa salada que, para nuestros gustos, me sirve para todo tipo de panes de a diario y pizzas, muy similar a la ciabatta, y que me limito a moldear de diferentes maneras según me apetece ese día. Para la bollería hago una masa de leche y huevos, también muy húmeda, con la que hago panecillos para la merienda, pan de hamburguesas o de molde de manera muy sencilla y que, moldeada de diferentes formas, me solventa todo el surtido que necesitamos en casa. 

Con estas dos masas básicas me apaño una decena de panes que, francamente, para dos adultos no muy acostumbrados a panes muy sofisticados, es más que suficiente. Si además contáis con el hecho de que pueden añadirse todo tipo de ingredientes dulces o salados, para qué queremos más. Puede que sea por la extrema sencillez de ambas masas, que desde el primer día que las compartí con vosotros se me ocurrió llamarlas para dummies, porque realmente no solo no revisten ninguna dificultad, sino que para lo facilísimas que son dan unos resultados estupendos, infalibles para quienes somos aficionados al arte de la panadería o apenas tenemos experiencia. 







La masa salada os la he traído en dos o tres ocasiones, en forma de baguettepanecillo y pizza. Hoy me gustaría compartir con vosotros la masa dulce, porque, además, quiero preparar una entrada para los próximos días donde me vendrá muy bien tenerla explicada al detalle.

Me da un poco de corte reconocer que esta masa no la he sacado de ninguna receta magistral de pan de molde, todo y que, desde que tengo blog, os he visto hacer unos panes preciosos. Es simplemente fruto de una casualidad o un accidente, según se mire, de un día que me puse a hacer croissants. Preparé la masa, la dejé levar, y cuando fui a preparar el hojaldre me di cuenta que no tenía suficiente mantequilla. Después de acordarme de todos mis santos, y con tal de no echarla a perder, se me ocurrió enrollarla y meterla en un molde para cakes, la deje subir y la horneé.  Como en casa nos encantó el invento, desde entonces, es mi masa de pan de molde favorita.

Foto kenwoodworld.com
Este pan lo he hecho a mano siempre y no entraña ninguna dificultad, pero, tanto en esta receta como en otras a partir de ahora,  os daré también indicaciones para utilizar la Kenwood Cooking Chef. 


No hace demasiado tiempo que la tengo, pero sí el suficiente como para darme cuenta que no hay apenas información en los blogs acerca de su uso ni recetas, por lo que intentaré compartir también mi experiencia con ella, para aprender entre todos o para quienes penséis en adquirirla.

Para aquellos que no conozcáis este robot, quizás más adelante, cuando la tenga más de por mano, pueda subir una entrada para explicaros como funciona, pero, mientras, os dejo el enlace a un vídeo de la web oficial y así, si os apetece, veis de lo que os hablo.

Foto Kenwoodworld.com
Para los que tenéis una Kitchen Aid o una amasadora similar, observareis que es exactamente el mismo procedimiento y tipo de robot orbital, solo que con la ventaja de poder trabajar con temperatura gracias a su sistema de calor por inducción. Es el modelo profesional de la gama de mixers y amasadoras de Kenwood.

No puedo haceros la comparación con la Thermomix porque no la conozco, pero entiendo que si sois usuarios de este electrodoméstico también podréis adaptar mis indicaciones sin ningún problema.

Como no se trata de una máquina que cocine sola, sino que es literalmente un piche de cocina muy completo, todo el procedimiento puede hacerse manualmente, con lo cual aquellos que queráis hacerla a mano no tendréis ningún problema. 






jueves, enero 21

Ravioli de pollo asado y ciruelas, en salsa de setas




Desde que decidí abrir este blog he conocido muchas personas con la misma pasión por la cocina e iniciativas muy interesantes. Fue por una casualidad que me encontré en la página de HEMC y al conocer la temática que Wivith, de Cuchiflitos , había planteado para este mes de enero me animé a colaborar con este plato.

No solemos tener muchas sobras en casa. Más que nada porque somos dos y las raciones son fáciles de calcular. Pero precisamente por eso, porque solo somos dos, algunos asados nos vienen grandes.

Los codillos o los pollos asados, son platos que inevitablemente no asimilaremos de una sentada, con lo que producirán un excedente al que siempre me gusta darle salida. Normalmente se traducen en unas croquetas, una ensalada de pasta, patatas o lechugas, unos crêpes, lasagna, cremas o consomés, incluso a veces se convierten en una suculenta bolognesa. No lo hago muy a menudo, porque es laborioso, pero alguna vez se han convertido en canelones o como en esta ocasión, que os propongo hoy, unos ravioli que no tenían nada que envidiar al asado original.

Esta pasta casera está realizada exactamente igual a los Pappardelle que subí el otro día. La quise publicar con antelación a esta para no recargar la entrada. Si os apetece, aquí os dejo la receta de estos ravioli :

lunes, enero 4

"Tortell de Reis" de mazapán, tradicional, sencillo y delicioso.





Ya sé que todos los años, por estas fechas, el roscón de reyes es el protagonista de la blogosfera gastonómica, sin embargo no me he podido resistir a traeros el que hacemos en casa, homónimo del roscón de Reyes, del King's cake, o el gâteau des Rois que tan tradicionales son en medio mundo por estas fechas. Bien mirado, qué tipo de blog de cocina sería éste sin una receta tan popular como ésta. :-)

No estoy muy segura del origen de esta tradición, de lo que estoy un poco más convencida es de que el hecho de comer este dulce pertenece más a un ciclo de celebraciones del solsticio de invierno, que empezaría en el día de los santos inocentes y que culminaría con el carnaval. Como muchas tradiciones, han sido adaptadas o más bien solapadas por aquellas de origen religioso, para que, de una manera oficial, perdieran todo aquello que tenían de pagano.

Sea como fuere, lo cierto es que son muchos los paises que practican la celebración cristiana del nacimiento de Jesús el día de Navidad,  y, por consiguiente, la llegada de los tres reyes de oriente. Muchos de ellos, también, con un dulce muy similar. En el sur de Francia, concretamente desde la costa azul hasta Toulouse, es típico un rosco muy parecido al nuestro con frutas confitadas, el "gateau des rois", siendo la "galette des rois", una tarta de masa de hojaldre y sin decoración, más tipica del norte (París) para éste día. En Louisiana (USA), muy posiblemente por su influencia francesa, festejan este día con el "King's cake", de aspecto muy parecido al roscón de reyes, adornado con frutas y con una figurita del niño jesús en su interior, que obliga a quien le toca, a pagar el "cake" de la semana siguiente, porque, como he comentado antes, esta celebración se prolonga hasta carnaval. En otros estados, este dulce, pierde su significado religioso y adopta más un rol de juego y festejo, donde los chicos toman el "king's cake", con el que quien encuentra la figurita es nombrado rey, y las chicas el "Queen's cake" con idéntico ritual.  En grecia,  y algunos paises balcánicos, celebran estos días con el "basilópita" en el que introducen una moneda, a modo de sorpresa, que concede al agraciado algún premio pactado de antemano, aunque éste último sea típico en noche vieja o el día de año nuevo. El denominador común en todos ellos es, además de las fechas, la existencia de una liturgia especial que acompaña su ingesta, no siempre relacionada con la festividad cristiana lo que demuestra, en cierta medida, su origen no religioso.

El que os traigo hoy es el tortell típico o tradicional en Catalunya en el día de Reyes. Se elabora una corona o aro en pasta de brioix, relleno de mazapán, adornado de frutas confitadas y azúcar y como único perfume, aunque opcional, el anís. En su interior debe esconder una haba y una figurita de porcelana, generalmente de un rey. En el centro debe haber una corona, normalmente de cartulina, dorada que será otorgada a aquel que encuentre la figurita, concediendole así el título de rey de la fiesta durante el resto del día. De manera simbólica este cargo obliga a los asistentes a obedecer los deseos de quien lo ostenta. A quien tenga la fortuna de hacerse con la haba debería pagar el tortell, aunque uso el condicional puesto que cuando el postre está en nuestras mesas ya está pagado. :-) También traen una tarjetita con un refrán, a modo de instrucciones, que suele rezar de la siguiente manera:

Si la fava tu hi has trobat
paga el tortell sens recança
i no perdis l'esperança
seràs un ser afortunat.

I si t'hi surt la figureta
no et quedarà més remei
que ser coronat com a Rei
d'aquesta festa distreta.

El tortell de brioix y mazapán sigue siendo el más vendido hoy en día en las pastelerías catalanas, sin embrago es una tendencia que va evolucionando en los últimos años, por parte de los pasteleros, para poder ofrecer la mayor variedad posible, por lo que viene seguido de cerca por aquellos que están rellenos de nata, crema pastelera, trufa o una combinación ingeniosa de rellenos. Y es que para gustos los colores. :-) Si os apetece probar este tortell sencillo, esponjoso y ligero que os traigo, os cuento como lo hago yo:

viernes, diciembre 11

Pizza casera a la piedra, en lo que tardaría un pizzero en traerla.






Esta vez os traigo algo muy sencillo pero resultón y que gusta a casi todos porque es totalmente "customizable". Cuantas veces se han presentado unos amigos a media tarde,  se hace la hora de cenar y no sabéis qué ofrecer? ...algo fácil, rápido para no desatenderles y a la vez sorprenderles con algo totalmente casero e informal, esta pizza puede ser la solución.

Si te gustan la pizzas, ésta la harás más de una vez  cuando no tengas ganas de cocinar pero te apetezca un bocado consistente. No hay cena más apetitosa delante de un partido o tu programa favorito. Me gustaría advertiros antes que a mi me gustan las pizzas finas y crujientes, pero que no parezcan láminas de oblea, ni por el contrario pizzas americanas como bizcochos. Me gusta que sepan a masa de pan, pero a la vez sean muy ligeras. Con el cuerpo fino, que permita degustar los ingredientes con los que la hemos adornado, sin que parezca un bocata. Los bordes crujientes por el exterior pero con un  mínimo de miga tierna en su interior. Parezco muy exigente al respecto, quizás sí lo sea, pero os aseguro que esta pizza no tiene nada que ver con las preparadas. Si por aquí vamos bien me encantaría enseñaros como la hago yo. :-)


viernes, noviembre 27

Pan artesano y totalmente casero para "dummies". Mi pan.



Tenéis 5 minutos después de cenar  y otros 10 una hora antes de comer al día siguiente? Si la respuesta es afirmativa ya no tenéis excusa para no comer vuestro propio pan. Recién hecho, a mano, fácil, rápido y con el sabor del pan de toda la vida. Vamos, lo que se suele llamar bueno bonito y barato, pero en pan. Y por supuesto, la receta es para dummies. :-)

Sobre algo tan elemental y básico como el pan hay bibliografía infinita, métodos y teorías, combinaciones y técnicas avanzadas. Tanto es así que, si simplemente mezclas harina agua y sal, pueden llegar a llamarte profano. Por supuesto solo soy amateur y autodidacta, tampoco os voy a mostrar una receta "top ten", ni lo pretendo, no voy a usar masas madres, mezclas de harinas, aceites ni aromatizantes, pero sí os voy a explicar como hago el pan que comemos cada día en casa, que es simplemente delicioso, sencillo, crujiente y sabe a pan hecho con cariño.

Si os decicís a probar a hacer pan en casa, no solo no os arrepentiréis sino que no dejareis de hacerlo. Animaos con esta receta sencilla y sin pretensiones que es fruto de muchas pruebas, intentando elaborar, de la manera más simple y eficaz posible, el pan de cada día.


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