lunes, 27 de febrero de 2012

Classic Donuts. Bocaditos de cielo azucarados.





Estos días atrás he estado leyendo mucho acerca de los donuts. Esto ha hecho que retrasara un poquito la publicación de la receta, que también es más larga de lo normal, pero creo que ha valido la pena, porque, a excepción de la anécdota del agujero, que tampoco es que conociera al detalle, no sabía de sus orígenes ni de su etimología. Así que me dispuse a investigar para desburrarme un poco. He encontrado de todo, desde quienes afirman que el donut existe desde el principio de los tiempos, algo así como la manzana de Adán y Eva ( ...es lo que tiene internet ), hasta un origen, más lógico, emparentado con numerosas preparaciones de la Europa de la edad media. Así que intentaré daros mi opinión, más o menos razonada, acerca de lo que he leído. Al final os pondré las direcciones para que podáis consultarlas y sacar, si queréis, vuestras propias conclusiones.

La explicación a mi juicio más creíble sea quizás la que cuenta que, cuando los colonos holandeses llegaron a lo que hoy en día es Nueva York (entonces New Amsterdam), en el S.XVI,  trajeron con ellos un pequeño dulce al que denominaban olykoeks (cocas de aceite o bollos de aceite). Se trataba de una suerte de buñuelo hecho con harina, huevos, azúcar y leche, que se freía en manteca de cerdo. De hecho, no solo en Holanda, sino que en toda Europa existían preparaciones muy similares que nosotros conocemos, ya que han llegado hasta nuestros días, como algunos tipos de rosquilla o los propios buñuelos. Dado que los olykoeks eran de forma redondeada y no demasiado grandes, los colonos anglosajones acabaron llamando a estas bolitas de pasta frita dough nuts, que significa literalmente nueces de masa, y así se prepararían durante al menos doscientos cincuenta años más. Esta denominación acabaría derivando primero en doughnut (doughnuts en plural) y más tarde en donut (donuts pl.), que es una forma menos tradicional pero tal y como se conoce hoy en día, aunque ambas formas sean válidas tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

La primera referencia escrita a este nombre no se encuentra hasta que un escritor norteamericano, Washignton Irving, los citara en 1809 en un relato humorístico y satírico bajo el nombre de "History of New York". El autor, que obtuvo un éxito rotundo a raíz de esta publicación, los menciona describiéndolos como "bolitas de masa dulce, fritas en manteca de cerdo y denominadas doughnuts u olykoeks". Gracias a la excelente acogida que tuvo el relato por parte del público y la gran popularidad que gozaría en la época, no sería de extrañar que contribuyera a difundir oficialmente el nombre de este pequeño bollo. Sin embargo, no sería hasta el año 1900 que aparecería la forma abreviada donut. Supongo que debido a la fonética, un poco como ha pasado con muchas palabras en todos los idiomas. 


Respecto a la forma con la que conocemos el donut hoy en día, con un agujerito en el centro, la mayoría de  versiones coinciden en que fue fortuita. Algunos creen que única en el mundo, algo que sabemos no es cierto, y otros, en el otro extremo, quitándole mérito refiriéndose al hecho como "manera de llegar a ser famoso sin inventar nada". Lo cierto es que al autoproclamado inventor del "agujero" se le ha rendido homenaje de distintas formas, entre las que se encuentra una placa conmemorativa en su ciudad natal o el propio epitafio de su lápida, que le reconocen como tal. Sin embargo, sin ánimo de pretender desmentir esta versión, es más que probable que el "bollo agujereado" ya fuera conocido con anterioridad. Aunque no como el donut norteamericano, eso también es cierto.

Fotografía perteneciente a  www.findagrave.com
Parece ser que el capitán Hanson Gregory afirmaba haber sido el inventor del donut, en su forma actual. El hecho sucedería en 1847 en uno de los muchos viajes del capitán, entonces marinero ya que contaba con tan solo 16 años. Su madre, la señora Isabel, solía prepararle olykoeks para que se llevara durante sus travesías. Nadie se pone de acuerdo en como habría sucedido exactamente, por lo que numerosas hipótesis se disputan la veracidad de la historia. La versión a mi entender más improbable, pero la que me ha parecido de lejos más divertida, es la que dice que en un momento que requería toda su atención, Gregory, que estaba comiéndose un donut, necesitó utilizar ambas manos para manejar la nave, con lo que no se le ocurrió otra cosa que ensartar el bollo en uno de los brazos del timón, inventando así el famoso agujero. He leído otras versiones que dicen que simplemente no le gustaban los centros pastosos o poco hechos que solían caracterizar estos bollos, algo que al parecer se solventaba muchas veces introduciendo frutos secos en el centro, o rellenándolos de cremas diversas como los buñuelos,  por lo que se le ocurrió que si hacía un agujero en el centro de la masa el bollo tendría más superficie por donde cocerse, permitiendo también una fritura más uniforme. Esta explicación sería más razonable, aunque también es verdad que podría haber conocido algún tipo de rosquilla en alguno de sus viajes, lo que le daría la idea de trasladarlo a los bollitos que preparaba su madre. Gregory defendía que  la señora Isabel lo habría puesto en práctica de inmediato y pronto todo el mundo copiaría el ingenioso procedimiento.

No todos están conformes con este hecho, sin embargo, nadie aporta una versión oficial alternativa, por lo que el capitán aparece en numerosos lugares como el inventor del donut. Personalmente pienso que el hombre decía la verdad, él también podría haber tenido esta buena idea de perforar la masa, sin embargo, no faltan tampoco argumentos que la atribuirían a los propios holandeses y en una época muy anterior a la de Gregory. La prueba, creo yo, serían las numerosas preparaciones de forma idéntica que se elaboran desde hace siglos por todo el mundo, desde Japón a Europa, pasando por la India.

Independientemente de su origen, también he encontrado muchas curiosidades acerca del donut que desconocía, realmente en Estados Unidos es toda una institución, pero ninguna tan bonita, a mi juicio, como la que os quiero contar. Ya sabéis que soy una aficionada a la historia, más, si cabe, la relativa a las dos grandes guerras. Me parecen apasionantes. Todo y que estoy convencida que esto ya lo había leído en alguno de mis libros, en ninguno de los que tengo he podido encontrar fotos relativas a las doughnut girls. Puede que esté equivocada y lo leyera en algún foro de esta temática de los que frecuento (al final acabo teniendo verdaderas empanadas mentales de donde he leído las cosas), así que he echado mano de internet para ilustrar un poco la entrada.

Fotografía perteneciente a www.worldwar1.com
El primer viernes de junio y desde el año 1938, en Estados Unidos, se celebra oficialmente el día nacional del donut, National Doughnut Day. No es niguna frivolidad yankee, esto es así en honor a las cerca de 250 mujeres del ejercito de salvación (Salvation Army volunteers) que, durante el invierno de 1918, se esforzaron por aprovisionar de cafés y donuts a los soldados que se encontraban en las tricheras del frente de Francia .

El ejército de salvación envió a estas mujeres con la intención de reconfortar a los soldados con el calor de la cocina casera, que les abastecieran de bebidas e incluso que pudieran hacer un zurcido rápido en sus uniformes. En 1917,  una joven llamada Hellen Purviance, fue enviada al frente francés para trabajar junto a la Primera División norteamericana. Por algún motivo que desconozco, aunque me imagino que se debería al arraigo de este dulce en la cultura norteamericana, ella y una de sus compañeras, tuvieron la idea de formar unos donuts con un poco de la harina con la que estaban trabajando. Con sus propias manos golpearon la masa para estirarla y, como no tenían cortador, utilizaron un cuchillo para cortar tiras que luego doblaron hasta cerrar sus extremos, con lo que quedaba una arandela con el centro vacío. Para cocerlos se sirvieron de una pequeña estufa que les obligaba a permanecer de rodillas y un cazo que les hizo las funciones de freidora. Según su propio testimonio, pronto se hizo una fila de soldados atraídos por el olor, que esperaban pacientemente su turno entre el barro y bajo la lluvia. En este primer intento parece ser que pudieron cocinar cerca de 150 donuts antes de que una terrible tormenta derribara la pequeña tienda que habían improvisado.

Fotografía perteneciente a www.worldwar1gallery.com
No vayáis a pensar que se trataba de algún edificio o refugio en retaguardia, algo que en mi opinión tampoco les quitaría un ápice de mérito, las mujeres del Ejército de Salvación se hacían un hueco entre las ruinas y las propias trincheras, donde improvisaban rudimentarias mesas para poder trabajar. Siempre con una sonrisa a pesar de estar bajo la amenaza del fuego germano. La primera guerra mundial fue especialmente cruenta en este sentido, de una concepción totalmente distinta a lo que se había conocido hasta la fecha. Ellas llevaban un uniforme militar de dotación, aunque con faldas, su propio "box respirator" colgado al cuello, su máscara de gas en posición de alerta, por la continua amenaza a la que estaban sometidas, pues corrían la misma suerte que los soldados. Eran las únicas mujeres, fuera del personal estrictamente militar, que tenían permitido el acceso a las líneas del frente.

El éxito de esta iniciativa fue tan inmediato que, al día siguiente, el número de chicas que se pusieron a pereparar donuts se multiplicó. En pocas horas se habían establecido puestos "especialmente equipados" a lo largo de las trincheras de primera línea del frente. Con simples botellas para amasar y la mayoría de las veces con los propios cascos de los soldados a modo de freidora, latas de leche condensada para cortar la masa y un tapón de cafetera con el cual hacer el agujero interior, estas chicas inundaron las trincheras del aroma de los donuts recién hechos. Se cree que en estas condiciones eran capaces de formar hasta 9.000 unidades a lo largo de una sola jornada. Esta especie de reto se convertiría en un verdadero aliciente, tanto para ellas como para los soldados.

Fotografía perteneciente a www.usmilitariaforum.com

La historia ha reconocido este hecho como un acto de coraje con el que estas mujeres  proporcionaron una inyección de moral a los hombres que luchaban en el frente, haciendo que pudieran sentirse un poco como en casa en medio de tanta desolación. Este grupo de mujeres, denominadas Lassies, pronto serían conocidas como las "Doughnut Girls" (chicas donut).

Durante la segunda guerra mudial las mujeres de la cruz roja hicieron el mismo trabajo, y se estima que al final de la guerra habían cocinado y llevado al frente más de 1.6 millones de donuts. A estas últimas se las recuerda como "Doughnut dollies" (muñecas donut).

Respecto a la receta, lógicamente ellas no siempre disponían de todos los ingredientes necesarios, sino que más bien intentaban lidiar con los excedentes, estirando las existencias o incluso sustituyéndolas. Por eso en internet se encuentran recetas distintas, con variaciones sensibles en las cantidades, sobre todo en cuanto a huevos, azúcar o mantequilla, ya que eran ingredientes de los que costaba más abastecerse. A diferencia de la harina, de la que parece ser habría excedente. No os extrañe que a todas se las catalogue como genuinas siendo tan distintas las unas a las otras, pues, teniendo en cuenta lo que os he contado, todas fueron recetas originales del ejército de salvación y hechas con la mejor de las voluntades. En este enlace, que pertenece a uno de los numerosos sitios del Ejército de Salvación, podéis encontrar una de las múltiples recetas de donuts "original". Os gustará comprobar la evidente diferencia con las recetas modernas, nosotros podemos permitirnos usar más huevos y las cantidades de leche y mantequilla que queramos. :-)

Hay mucha gente que cree que el mote de "Doughboy", con el que eran conocidos los soldados de infantería americanos que estaban en el frente en la WWI,  tiene su origen en los donuts y en esta pequeña revolución culinaria que os he contado. Pero parece ser, según wikipedia, que ya se les llamaba así durante la guerra entre Estados Unidos y México, en 1848. Tendría que ver con las caras sucias y polvorientas, a consecuencia del clima y las tierras secas y áridas de los campos de batalla, que daba a los soldados la apariencia de una masa de pan antes de meter al horno. Sin embargo, nunca este mote fue tan popular como durante la primera guerra mundial, por lo que también se ha dicho que, como el uniforme de los soldados americanos en ese periodo tenía unos botones muy grandes y el resto de soldados de los países aliados decían que vestían como un  Gingerbread Men, de ahí que les empezaran a llamar doughboys (chicos  masa o chicos de masa). Sea por el motivo que fuere, este mote informal quedaría para siempre vinculado a los hombres de infantería norteamericanos de la primera gran guerra.

Fotografía perteneciente a www.prioritypeople.org
Durante el National Doughnut Day, los diferentes locales del Ejército de Salvación del país, conmemoran esta iniciativa con actos diversos además de organizar una producción casera de donuts para todo aquel que les visite. La mayoría de tiendas y franquicias de venta de donuts (en Estados Unidos) ofrecen este dulce de manera gratuita a sus clientes. Habría que acercarse ese día a cualquier Dunkin' Donuts de nuestras ciudades, a ver qué se cuentan, aunque mucho me temo que ni sepan de lo que les estamos hablando :-)

Hoy os traigo mi versión de este bollo, la más clásica de todas ellas, porque ya sabéis que tiene muchas posibilidades. No es una receta que difiera demasiado de cualquiera de las que podéis encontrar en libros o en internet, de hecho, yo aprendí a hacerlos gracias a los blogs de la red y, casi tanto o más, gracias a los comentarios de personas que aportaban sus ideas y también sus dudas. Sin embargo, no acababa de encontrarle ese punto que te ayuda a hacerlos con los ojos cerrados hasta que Sònia y su marido, de l'Exquisit, que tienen unas manos fabulosas para las masas y la bollería profesional, publicaron su receta. Les quiero dar las gracias porque fue la que mejor me ayudó a encontrar, de manera sencilla, la mía propia.


Como el hecho de prepararlos en casa nos da un poco de barra libre, ya sabéis que me gustan las masas muy hidratadas y huyo como de la peste de lo que para mí son complicaciones (léase poolish, masas madre... etc), con el tiempo he hecho un remix de todo lo aprendido hasta conseguir lo que a mi me parece, lógicamente para mis gustos, pequeños pedacitos de cielo con sabor al donut de toda la vida. Y así los he bautizado. No os podéis imaginar lo tiernos que son. Disculpadme porque está mal que me lo diga yo misma,  pero, ni siquiera son como los comerciales, son mejores. Y no os preocupéis, como todas masas que preparo, son para dummies :-)).

A ver si os gustan.


jueves, 16 de febrero de 2012

Laminado de patata al horno. "Pommes Anna" en versión individual.




Cocinar, fotografiar todo el paso a paso, documentarme bien si conozco alguna historia relacionada y escribir después en el blog, para compartir mis experiencias con esa receta, es algo con lo que realmente disfruto. Le dedico muchas horas, en casa me dicen que demasiadas porque va en detrimento a la atención que requieren otras, pero me compensa porque, sin darme cuenta, siempre estoy aprendiendo y eso siento que me enriquece. Sin embargo me ocupa todo el tiempo libre del que dispongo y son muy pocas las veces que puedo dedicarme a navegar y aprender nuevas recetas (por no hablar que desde que tengo el blog no he tocado un pincel y eso tampoco debería ser así), por eso veréis que en muy pocas ocasiones he traído recetas que he visto en otros blogs. No vayáis a pensar que no me gusta navegar, al contrario, pues siempre vuelvo con una lista interminable de "pendientes", que vosotros también conocéis, es más bien que me faltan horas al día. Esta vez hago una excepción, y es que la casualidad me llevó a dar con la fotografía de unas patatas que me enamoró tan pronto las vi. 

Di con ella en uno de esos directorios o bookmarks de fotografías de "cosas que me gustan y quiero tener ordenadas" y a través de usuarios que habían seleccionado algunas de mis fotografías. Ya sabéis, de una cosa vas a la otra y, de carambola, me vine con esta idea tan buena. Aunque la etiqueta del sitio exige que se adjunten los créditos a la fotografía y se vincule al lugar de procedencia, en esta ocasión había créditos pero no había receta vinculada. No me pareció complicado de hacer, es más, se parece mucho a las Pommes Anna, solo que en versión individual, así que me propuse hacerlas con lo que la lógica me dictaba. Sin embargo, como había un blog vinculado, os dejo el enlace de donde teóricamente debía estar la receta y la foto de estas patatas que ella (o él) tituló como Roasted Potato Stacks, y así le doy las gracias a esta persona por compartir tanto la foto como la idea. 


Pommes Anna, wikipedia.
Las "Pommes Anna" es una preparación clásica de la cocina francesa para cuyo oficio solo se necesitan patatas, mantequilla, sal y pimienta. Se trata una suerte de tarta circular de varias capas de patata, cortadas muy finas, bien embadurnadas de mantequilla y salpimentadas. Se cuece al horno, normalmente dentro de un molde o bien en las casserole à pommes Anna (o cocotte à pommes Anna) que son muy populares y se comercializan especialmente para esta receta, de manera que, una vez horneada, se desmolda formando un pastel que debe ser muy jugoso por dentro y tostadito y crujiente por fuera.  Se corta y se sirve en porciones, al igual que haríamos como con una tarta.

Se cree que este plato tiene su origen en el año 1870 y que sería una creación del chef Adolphe Dugléré, en la época en que fuera cocinero del Café Anglais, un restaurant parisino de renombre en el S. XIX. Como no sé demasiado acerca de la historia de las patatas Anna, más que su creador y por qué se le puso este nombre, os contaré un par de anécdotas curiosas de este chef que son dignas de recordar. 

En el Café Anglais, el chef Dugléré, que había sido alumno de Carême, del que ya os he hablado en otras ocasiones, sirvió la famosa cena de los tres emperadores (Dîner des trois empereurs), un fastuoso banquete que se sirvió el 7 de junio de 1867 por encargo del rey Guillermo I de Prusia, que tenía como invitados al Zar Alejandro II de Rusia, su hijo, que más tarde sería el Zar Alejandro III, y el príncipe Otto von Bismark, personalidades que frecuentaban el establecimiento durante la exposición universal.

El rey Guillermo quiso encargar una cena que pudieran recordar toda la vida y dio instrucciones para que no se reparara en gastos con tal de complacer a sus invitados. No se hizo ningún encargo especial para el menú del banquete, aunque, a posteriori, trasladaran sus quejas por la ausencia de foie en la cena, a lo que el gerente respondería "Sire, il n'est pas de coutume, dans la gastronomie française, de servir du foie gras au mois de juin" (Señor, no hay costumbre, en la gastronomía francesa, de servir foie en el mes de junio). En cambio, se solicitó que los platos fueran acompañados por los mejores vinos que hubiera en el mundo. Se hizo una selección de caldos tan espectacular que, Claudius Burdel, el maître de cave del Café Anglais, se convirtió, a raíz de esta cena, en el proveedor de vinos principal de estas grandes cortes europeas. Se sabe que el Zar encargó a Louis Roederer un diseño especial para una botella de champagne, que fuera de cristal transparente en lugar del usual tono verdoso, con el fin de que los comensales pudieran admirar las burbujas doradas, pero también para evitar que, debido a los tiempos convulsos que vivía su país y por miedo a los posibles atentados, se pudiera esconder algún explosivo dentro de la botella. Desde entonces se conoce este champagne como "cristal" aunque no fue hasta 1945 que se comercializara.

La cena estuvo compuesta por dieciséis platos distintos. Duró cerca de 8 horas y costó 400 francos por persona, lo que hoy en día equivaldría a unos 8.000 euros.  La mesa donde se sirvió el banquete y una copia del menú están expuestos en el pequeño museo del restaurant La Tour d'Argent, de París, ya que el Café Anglais fue derruido en 1913 (la fotografía es de dominio público pero pertenece a la Bibliotheque nationale de France). En el año 2003 un joven chef australiano se propuso el reto de recrear la cena de los tres emperadores. Para ello necesitó modificar algunos ingredientes y la mayoría de vinos, pues ya no estaban disponibles, pero, incluso usando equivalencias modernas, la organización le llevó seis meses de trabajo y tuvo un coste de 7.500 dólares por persona. Realmente le Dîner des trois empereurs fue todo un festín que no solo recordarían los protagonistas.

Conocido como el Mozart de la cocina, Dugléré era considerado una persona seria, reservada y cultivada, muy profesional y preocupado por la calidad de los ingredientes que utilizaba en sus recetas. Por todo ello fue consultado en numerosas ocasiones por Alexandre Dumas cuando escribía Le Grand Dictionaire de cuisine. Se le atribuye también la invención de le Potage Germiny, una sopa que creó para el gobernador del banco de Francia, pero que era el plato preferido de Guillermo I de Prusia y por el cual acudía asiduamente al Café Anglais. La Poularde Albufera, dedicada al mariscal Suchet, duque de Albufera, o le Culotte de boeuf Salomón, en honor a Salomon de Rothschild. Sin embargo, y sin ningún género de dudas, el plato más popular de todas sus creaciones, y posiblemente el más sencillo, fue precisamente les Pommes Anna, que habría bautizado con este nombre en honor a una célebre actriz y cortesana en la época de Napoleon III, Anna Damiens, también conocida como Anna DesLions (o simplemente "la leona"), y que frecuentaba, al igual que la flor y nata de la época, el Café Anglais.

Basándome un poco en la elaboración de las Pommes Anna, os explico como he hecho esta versión individual que he bautizado como laminado de patata y que he regado con aceite de oliva virgen en lugar de mantequilla.


lunes, 6 de febrero de 2012

Churros, receta tradicional




Qué os voy a contar del frío que está haciendo estos días... Yo creo que no hay nada más placentero que estar en casa calentito y ver nevar a través de las ventanas. Si además es con una taza de chocolate caliente con churros... para qué queremos más. No es una merienda que tomemos muy habitualmente, no sé muy bien por qué, porque tampoco es nada laboriosa y es más o menos inmediata, pero siempre que hace frío, como ahora, nos apetece muchísimo. No os lo he dicho? mañana están previstos 7ºC bajo cero y nevando, ...ah! se me olvidaba, a pie de mar.

He completado el titulo de la entrada con la coletilla de tradicional porque, aunque os pueda sorprender, hay muchas maneras de elaborar churros, entendiendo por churros aquellos hechos solamente con harina y agua. Porque los hay que también difieren en su masa. Partiendo de esta base se pueden variar con distintos aromas que pueden ir desde la simple inclusión de piel de limón, infusionada en agua, añadir sabor a canela, bien espolvoreada al final o en rama para infusionar, o incluso aromas como el anís.

Las formas y tamaños también pueden ser distintos, aunque entonces reciben otros nombres, como las típicas porras madrileñas que doblan perfectamente el grosor característico del churro.  A pesar de que para nosotros lo habitual sea la sección estrellada, también son populares los churros de superficie lisa o bien con el interior hueco, para posteriormente rellenarlos con crema pastelera o chocolate. Estos últimos podemos encontrarlos en algunas churrerías de nuestro país, pero son variedades especialmente preferidas en otros países, mayoritariamente de habla hispana y portuguesa, y luego os explicaré por qué. En Brasil, por ejemplo, tienen más popularidad los churros rellenos de chocolate mientras que en México, Uruguay o Argentina, prefieren los rellenos de crema de vainilla o de dulce de leche, en cambio, en Cuba, son especialmente apreciados aquellos que están rellenos de guayaba. En estados Unidos también son populares los churros y se encuentran en ferias, circos y atracciones aunque son, normalmente, al estilo mexicano y con una masa más parecida a la pasta choux que a la de nuestro churro.

Esto en lo tocante a los churros dulces, porque también los hay salados como los que se popularizaron también en Uruguay rellenos de queso, o como los que se preparan en algunas comarcas del sur de nuestro país donde se elaboran con sal en lugar de azúcar. Y esto tiene explicación si atendemos a una de las teorías respecto al origen de los churros.



Respecto a esto, puede que yo no haya sido capaz de dar con el verdadero origen de este preparado, pero parece que es realmente confuso, bastante ambiguo y no hay o no he sabido encontrar una teoría oficial, coexistiendo diferentes versiones por las que, si bien todas coinciden en que es un producto especialmente típico en España, no sé yo si podríamos atribuirnos su invención. Algunas versiones otorgan este invento a los pastores españoles que, ante la dificultad de hornear pan en las montañas, habrían pensado la manera de cocerlo mediante fritura y un improvisado fuego de leña. De ahí se supone que habría venido su nombre, churros, aunque algunos dicen que por el nombre de las ovejas churras y otros que por su semejanza con la forma de los cuernos de este animal, el carnero. Esta costumbre de freír la masa de pan acabaría extendiéndose, en principio en aquellas capitales donde disfrutarían de ferias populares, siendo ya muy conocidos los churros a principios del siglo XIX, tanto en las ferias madrileñas como en las barcelonesas, donde la concentración de visitantes era notable. Esto evolucionaría hasta el punto que hoy en día no se concibe una feria sin un puesto de churros ambulante, por muy sencillita o pequeña que sea. A todo esto debo decir, que aunque parece ser verdad que fueron los pastores quienes de alguna manera popularizaron esta preparación, su origen, casi seguro, es mucho más remoto y, más que posiblemente, foráneo.

Foto de you tiao extraída de wikipedia y con licencia de libre uso.
Laura Cronk, en la revista The Prisma, en un artículo que escribe a raíz del reciente incremento en Londres del número de churrerías (algo, según ella, más propio de España y algunos países latinoamericanos), sitúa el origen de esta preparación en China donde es muy popular el Yóutiáo ( 油条). Esta preparación es una especie de masa de pan frita, a primera vista más parecido a un éclair gigante pero estrecho y , por lo que he podido apreciar, de unos 30 cm de largo. El  Yóutiáo se compone de dos tiras de masa unidas lateralmente, que es lo que simboliza el motivo de su origen, una vez frito se abre por la mitad y se rellena con lo que más te guste, por lo general picadillos diminutos de cualquier cosa mezclados con salsa tipo mahonesa, o similar, como si fuera un bocadillo. Normalmente se venden en puestos ambulantes y suelen servirse como desayuno.

Para no enredarme, que me conozco, pasaré por alto la curiosa historia de esta preparación, que por otro lado podéis consultar en la web, para ir directamente al final que es la que nos interesa en este caso. Allí los comerciantes Portugueses habrían probado estos "diablos fritos" trayéndose la receta de regreso a su país. Sin embargo, debido a la severidad con que el emperador castigaba a aquellos que compartían sus secretos con los extranjeros, los portugueses no consiguieron hacerse con el peculiar método con que formaban las tiras de Yóutiáo, por lo que decidieron pasar la masa por un cortador de estrella y de ahí su forma actual y que conocemos en nuestro país. No sé, si esto fuera así, si serían los portugueses o los españoles quienes le habrían dado ese aspecto más compactado y el toque dulce con azúcar, ya que el Yóutiáo es salado y algo más hueco y ancho. 

Cuando os hablé de la pasta choux os comenté que había muchas semejanzas con otra preparación, en cuanto al concepto de cocer la masa varias veces, y en una ocasión leí en una revista americana que la pasta choux no era la única que usaba este sistema y se hacía clara alusión a nuestros churros, donde por cierto se apuntaba sobre un posible origen árabe, algo que también explicaría el arraigo de los churros en nuestro país. Esta teoría es compartida por la Asociación de Churreros catalana que, según explica la revista Muy Interesante en un artículo del año 1999, defenderían, de manera prudente eso sí, la idea de que el origen de los churros sería árabe pero que su preparación se pierde en el tiempo. Algo que también sucede con muchísimas de nuestras preparaciones tradicionales. Los árabes, y esto es un razonamiento mío, tendieron muchos puentes entre oriente y occidente, lo cual nos lleva otra vez a pensar que el origen chino es una posibilidad a tener en cuenta. Quien sabe si primero los árabes y luego los portugueses, o simplemente una cosa y no la otra, lo que sí es seguro es que fueron los colonizadores españoles quienes llevaron esta costumbre a los países latinoamericanos y no fue hasta entonces que los deliciosos churros pudieron bañarse en ese preciado líquido llamado chocolate caliente. 

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